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Qué es el Mal de Altura y cómo evitarlo.

Karina
Escrito por Karina

Seguramente hayan escuchado alguna vez sobre el mal de altura o “soroche”, algo que te afecta cuando te expones a la altitud. ¿Pero qué es realmente, y como evitarlo?

Hoy les contamos todo sobre este mal, que a mí personalmente me pegó peor de lo esperado, y cómo hacer para prevenir y combatir sus desagradables síntomas. 

Nota: Como siempre que escribimos alguna recomendación relacionada a la salud, vale aclarar que no somos médicos ni profesionales de la salud. Las recomendaciones las hacemos en base a nuestra investigación y experiencia personal, pero nunca debe sustituir la consulta con el médico. 

Tampoco somos alpinistas ni montañistas, por lo cual hablamos de consejos para mal de altura que se produce al conocer ciudades o lugares en altura, pero no de consejos para escalar el mismísimo Everest. Claramente muchos consejos serán aplicables, pero son actividades que requieren otro tipo de experiencia y preparación mucho más profesional.

Dicho esto, ¡empezamos!

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¿Qué es el soroche o mal de altura?

Lo pueden haber encontrado con muchos nombres distintos, pero estamos hablando de lo mismo. Se lo llama MAM – Mal agudo de montaña-, mal de altura, soroche, mal de páramo, apunamiento, puna, yeyo, o babiao, entre otros nombres. 

Básicamente, es la falta de adaptación de nuestro organismo a la falta de oxígeno que se produce en la altitud (hipoxia). Esta falta de adaptación tiene muchísimo que ver con dos elementos: la velocidad del ascenso y la altitud a la que lleguemos, algo de lo que hablaremos más adelante. 

La susceptibilidad a padecerlo es inversamente proporcional a la edad de la persona, afectando más frecuentemente a menores de 50 años. También influye el hecho de donde vivís, ya que afecta más a personas que no están acostumbradas a la altitud, que por ejemplo viven a menos de 900 mts de altura sobre el nivel del mar, como por ejemplo nosotros. 

El estar en un mejor o peor estado físico no afecta en nada ni previene sentir el mal de altura. Es decir que, el hecho de que estés en buena forma física no te asegura que evites los efectos de este mal. 

Suele ocurrir a partir de los 2000/2400 metros de altura sobre el nivel del mar, hasta la denominada “zona de muerte”, que sería a los 7500 metros. A esta zona solo acceden alpinistas y montañistas experimentados, ya que solo se puede permanecer a semejante altura unas horas.

El ejemplo más famoso es el ascenso al Everest, montaña más alta del mundo, con 8.848 mts de altura. De hecho, han fallecido un alto número de personas intentando esta travesía, y hubo un episodio muy comentado durante este año por varias personas fallecidas debido a las demoras en la “zona de muerte” como producto de la enorme cantidad de alpinistas que estaban allí a la vez. 

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Lo que sucede básicamente es que al aumentar la altura, no llega la misma cantidad de oxígeno a la sangre que habitualmente. Esto se llama Hipoxia y es justamente lo que causa todos los efectos desagradables que contaremos a continuación.  

Como dijimos antes, afecta más a personas más jóvenes y que no estén acostumbradas a la altura, pero no hay una regla con la que podamos anticipar si lo sufriremos o no. Esto va a depender de cada organismo, y lo sabremos al momento de exponernos por primera vez a la altura.

Pero a no asustarse, porque si bien no se puede saber si lo sufriremos o no, sí podemos tomar algunas acciones para evitar sus efectos lo máximo posible, y de esta forma prevenir este malestar. En la mayoría de los casos se trata de síntomas temporales, que usualmente se van o reducen conforme nos vamos aclimatando. 

Dicho esto, en algunos casos puede llegar a ser fatal si no se tratan los síntomas a tiempo, o se sigue ascendiendo, por lo cual es importantísimo tomar el tema enserio y accionar cuando es necesario.

Síntomas. 

Los síntomas pueden aparecer a las horas de llegar a la región alta, o nunca, esto dependerá de cada organismo. 

Los síntomas más comunes son:
  • Mareos. 
  • Dolor de cabeza o cefalea, en muchos casos intenso.  
  • Falta de apetito. 
  • Nauseas y/o vómitos (trastornos digestivos).
  • Agotamiento físico. 
  • Nerviosismo, pulsaciones aceleradas (elevación del ritmo cardíaco). 
  • Deshidratación, sequedad en la boca. 
  • Trastornos del sueño, que pueden ser somnolencia o lo contrario, insomnio. También lo que se llama disnea súbita nocturna, que es despertarse bruscamente con sensación de ahogo. 

Hay formas de diagnóstico profesional, pero básicamente se trata de un diagnóstico clínico: está basado en la apreciación general del estado del sujeto, ya que no existe ningún síntoma puntual que por sí solo lo identifique.  

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A efectos prácticos, siempre que se esté a más de 2500 mts sobre el nivel del mar, que aparezcan estos síntomas, y que no puedan explicarse con otra razón, se va a considerar que estamos ante mal de altura, y debemos tomar los recaudos del caso: dejar de ascender en primer lugar, y si los síntomas no mejoran, bajar de altitud lo antes posible al menos hasta la altura donde no sentíamos síntomas. 

Los síntomas como mencionamos, no se manifiestan siempre, pueden aparecer a las pocas horas de estar en la altura, y suelen empeorar durante la noche. 

Casos más graves, potencialmente letales:
  • Edema Pulmonar de altitud.

Hay síntomas específicos que identifican que estamos ante una situación más grave, en este caso, edema pulmonar de altitud. Entre ellos dificultad respiratoria severa, tos seca, presión o dolor en el pecho, palpitaciones y fatiga. También se puede apreciar que las uñas, los labios y las orejas se tornen azuladas, debido a la falta de oxígeno en el organismo. Otro síntoma puede ser un sonido de “burbujeo” durante la respiración. 

  • Edema cerebral de altitud. 

Esta es la forma más grave del mal de altura. Como síntomas más importantes están las náuseas, vómitos, dolores intensos de cabeza, alteraciones visuales, irritabilidad, descoordinación, confusión, distracción, pérdida de la coherencia, convulsiones o incluso coma. 

En estos casos es esencial conocer y estar atento a los síntomas, justamente para tomar acción cuanto antes. 

Seguramente los argentinos y uruguayos recordarán el sonado caso del actor Facundo Arana (para quienes no saben, un actor argentino), quien allá por el 2012 estuvo al borde de la muerte al intentar escalar el Monte Everest. Bueno, fue justamente por esto: edema pulmonar producto del mal de altura. Luego de días de ascenso, tuvo que bajar en helicóptero de urgencia por su estado delicado, y al parecer estuvo más de un mes en una situación complicada. 

En este caso, el monitoreo y la acción rápida fueron muy importantes. Dicho esto, y como dato anecdótico interesante, cuatro años después de este episodio, volvió a intentarlo y finalmente lo logró: luego de 40 días de expedición, semanas de aclimatación, y mucha preparación, logró llegar a la cima del punto más alto del planeta. ¡La historia tuvo un final feliz!

¿La moraleja? Cuidar la salud es lo más importante. Ante la duda, si ven que empeoran, dejen de ascender o directamente vuelvan. ¡La vida te dará la chance de volver y terminar lo que empezaste!

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Prevención: consejos para evitar el mal de altura. 

Volviendo al tema, ¿se puede evitar el mal de altura? La respuesta es que, si bien no es infalible, hay ciertos consejos que pueden ayudarte a intentar por lo menos evitar padecer estos síntomas de forma severa o tan desagradable. 

1- Aclimatación lenta.

Este es tal vez uno de los más importantes: se trata de irse adaptando de forma progresiva a la hipoxia, mediante un proceso de aclimatación. ¿De qué hablamos? Básicamente, de ir subiendo de a poquito, des-pa-cito como dice Fonsi, suave suave cito, poquito a poquito, pasito a pasito. 

De acuerdo a la recomendación de la Unión internacional de Asociaciones de Alpinismo, lo correcto es luego de los 2500/3000 metros de altura sobre el nivel del mar subir de a escalones diarios máximos de 500 mts, tomando un día de descanso sin ascenso, antes de continuar subiendo. Se trata de hacer un ascenso gradual, para aclimatarse lentamente.  

Esto es aplicable por ejemplo para visitar lugares como Cusco, donde la altura es justamente de 3400 msnm (e incluso mayor, alcanzando casi los 4000 msnm en algunas áreas cercanas).

Ya si estamos hablando de alpinismo, y vamos a subir más alto, hay que ir reduciendo los escalones o mejor dicho la cantidad diaria de metros que se suben. En estos casos lógicamente requerirás una preparación especial, donde un guía o instructor especializado hará un plan de aclimatación específico. 

Hay que tener en consideración que aun cuando hagamos una aclimatación estricta y sigamos todos los consejos, el mal de altura puede presentarse de igual forma, por lo cual es algo que sabremos recién con certeza una vez en el lugar.  Por esto es que hay que estar muy atentos siempre a los síntomas, para ir tomando acciones en caso de que no mejoren o directamente empeoren.

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2- Mantenerse hidratado.

La altura y la falta de oxígeno producen deshidratación, por lo cual es importante mantenerse hidratado bebiendo de 4 a 5 litros de agua diarios. Si, ¡mucha agua!

3- Alimentación liviana y de fácil digestión. 

Como uno de los síntomas justamente son los trastornos digestivos, la alimentación cobra acá una relevancia muy especial. 

La alimentación liviana debe comenzar los días previos a exponerte a la altura, y lógicamente mantenerse mientras estás allí. Se recomienda elegir carbohidratos, frutas y verduras, y alimentos ricos en azúcar. Evitar fritos, picantes, la ingesta de alcohol y tabaco. 

Algo que se recomienda por ejemplo en Perú, y de hecho en mi caso al menos me hizo muy bien, es consumir hojas de coca, ya que son un conocido remedio natural que ayuda a sobrellevar mejor los síntomas del mal de altura. Lo más habitual es tomarlas en forma de té, y lo vas a encontrar por todos lados. Simplemente es agua caliente con las hojas de coca dentro. 

También se puede tomar las hojas y llevarlas a la boca, lo que se hace en ese caso es masticarlas, pero la hoja en sí no se traga. No lo probamos, pero dicen que el sabor no es de lo más rico, sino amargo y un poco desagradable, pero supongo dependerá de cada uno. Venden caramelos de coca, que si bien no son tampoco así como deliciosos, si son bastante dulces y es más fácil de comer en cualquier lugar (además de que el azúcar al parecer también hace bien para sobrellevar los síntomas). 

4- Buen descanso.

Se recomienda dormir bien el día previo a iniciar el ascenso, y dormir bien también durante la estadía en altura. 

5- No agotarse.

Es importante que los primeros días, no realices esfuerzos físicos importantes. Hay que moverse lento, tranquilos, a un ritmo calmo. Lógicamente que podés hacer trekking, no significa que no puedas hacer actividad física, pero tenés que hacerlo a un ritmo más bajo que el que tendrías habitualmente, para evitar llegar a un estado de agotamiento. 

Básicamente, el primer día sería recomendable tomarlo con calma, y dedicarse puramente a descansar y aclimatarse. 

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6- Abrigarse. 

Al sentirnos mal y estar descompensados, es importante también que nos mantengamos abrigados y prestemos especial atención a esto. 

Como recomendación que un poco engloba todos estos consejos, hay una frase que quienes viven en altitud suelen repetir a los viajeros, y es la siguiente: “Beber antes de tener sed, comer antes de tener hambre, abrigarse antes de tener frío, y descansar antes del agotamiento”. 

La idea sería no llegar nunca a la situación en la que estés en el límite, ya que por ejemplo cuando tu cuerpo avisa que tiene mucha sed, es porque ya estás deshidratado. Siempre debemos prestar atención a tener estos aspectos controlados y cubiertos, de forma de evitar llegar a los límites. 

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Medicación, ¿sí o no?

Existe en el mercado medicación para el mal de altura, que viene en formato de pastillas. Comienzan a tomarse antes de exponerse a la altura, y continúan tomándose durante la estadía. Básicamente ayudan a mejorar la irrigación sanguínea del cerebro y aumentan la capacidad respiratoria, por ende, mejoran o evitan los síntomas. 

Son de venta libre, sin receta, y se consiguen sin mayores inconvenientes. 

Dicho esto, ¿son recomendables? Esto es bastante personal y como siempre, les recomendamos consultar a su médico antes de tomar cualquier tipo de medicación que no conozcan. Nosotros no las tomamos, así que no tenemos una referencia personal, pero hay viajeros que si las recomiendan. 

Lógicamente, no es un remedio mágico, por lo cual el hecho de tomarlas no implica que puedas pasarte por alto todas las recomendaciones anteriores, sino que se suman a esto. 

Se recomienda por otro lado evitar tomar tranquilizantes (somníferos y/o relajantes) mientras estemos en este proceso de aclimatación. 

¿Y si realmente necesito oxígeno estando ahí?

La mayoría de los hoteles en los lugares altos, están acostumbrados a recibir viajeros que sufren este mal, por lo cual no es tan raro que tengan su propio tanque de oxígeno para poder brindar asistencia a quien lo necesite. 

Además de esto, muchas excursiones los llevan para atender a los viajeros que durante una travesía que implique ascenso, necesiten atención o no puedan seguir sin esta asistencia. Ante la duda, siempre les recomendamos consultar estos aspectos que son muy importantes con la agencia con quien contraten el tour o travesía. 

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También pueden investigar la opción de llevar uno su propio tubo de oxígeno, pero esto entiendo seria para casos donde vayan a hacer por ejemplo un ascenso a montaña alta. 

Nuestra experiencia. 

Ahora bien, ¿cómo fue nuestra experiencia en la altura? ¿Sufrimos este mal?

Ambos somos de Uruguay, un país donde la altura máxima es de 514 metros. Si, esa es nuestra “montaña” más grande. Así que básicamente, somos un país casi chato, o como nos enseñan acá en la escuela primaria, con un terreno “levemente ondulado”. Vivimos en Montevideo, una ciudad que está a nivel del mar. En adición, estamos dentro de la franja de edad que se supone es más propensa a los síntomas. 

La primera vez que ambos nos expusimos a más de 2000 metros de altura, fue en Perú, en nuestro viaje a Cusco y Machu Picchu. Dicho todo esto, ambos lo vivimos de formas completamente distintas. 

Gastón no sintió absolutamente ninguna diferencia, ni tuvo ningún síntoma. No tuvo problemas ni de respiración, ni digestivos, ni de sueño, ni cefaleas. No sintió nada, más allá de la sensación de agitarse o cansarse un poco más de lo usual. Aplausos para Gastón!! ☺ Suertudo. 

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Este viaje lo hicimos de forma separada, él viajó en 2011 mientras yo estaba en Europa, y yo hice este viaje sola en 2016. Fue por esto que, basándome en su experiencia, y en que no suelo nunca tener problemas con casi nada en los viajes, me confié en que tampoco los tendría acá. 

No había tenido problemas buceando (una actividad donde hay cambios de presión y demás), no tengo problemas con la presión de los aviones, no tuve inconvenientes al saltar en paracaídas, no suelo sentir efectos importantes a los cambios alimenticios, de horario, de agua, es decir, suelo ser bastante fuerte en lo que tiene que ver con este tipo de “males viajeros”.  

Fue así que la señorita se fue a Perú, y no respetó básicamente ninguna de las recomendaciones. Como el tiempo era escaso, y quería aprovechar al máximo, llegué a Cusco y ese mismo día salí a recorrer la ciudad y alrededores. Caminé un montón, me exigí, y comí cualquier cosa. 

La noche previa no tuve buen descanso, ya que mi vuelo había salido de madrugada y me fui prácticamente directo de la oficina al aeropuerto, por lo cual estaba agotada. La hidratación fue inexistente. Durante ese día, sentía dificultad al respirar, estaba agitada, era como que tenía una presión en el pecho. Pero pensé que sería solo eso, y lo atribuí un poco al cansancio normal de haber tenido muchos vuelos y demás. 

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A la noche ya me pegó de lleno, y de golpe, mientras volvía camino al hostel. Dolor de cabeza muy intenso, muchas nauseas, dolor muscular, y un agotamiento que pocas veces había sentido. Era como que podía dormirme ahí, mientras caminaba, caer redondita al piso. Eso es exacto lo que sentía. Llegué al hostel y me dormí, pero dormí mal: me desperté muchísimas veces con sensación de estar ahogada o encerrada en un lugar muy chico, pasé mucho frío, y encima tenía que madrugar así que mi descanso fue malo. 

Al día siguiente, me levanté y sin entrar a detalles, de náuseas pasé a lo siguiente. Desayuné liviano, pero ni eso soporté. Y de nuevo, vómitos. Tenía mi tour para ir a Valle Sagrado, así que igualmente allá me fui. En ese día, subimos aún más de altura, llegando a un máximo de 3800/3900 metros sobre el nivel del mar. Teniendo en cuenta que Cusco está a 3400 metros y ya me sentía así de mal, seguir subiendo claramente no fue la decisión más inteligente. 

¿El resultado? En la primer parada que hicimos, mientras todos paseaban, yo me pasé de rodillas en el pasto, dejando la vida en forma de abono. Vino una amable señora de un puesto de vendedores, quien me trajo unas hojitas para oler que me hicieron muy bien, y también un señor me dio algodón con alcohol para lavarme las manos.

Realmente, ni el guía ni la gente que viajaba en el bus se preocupó siquiera en preguntarme nada, y estas dos personas completamente desconocidas hicieron que mi día cambiara para bien de forma rotunda. Como siempre, ¡hay gente muy buena en el mundo! La señora, además de venir enseguida y traerme las hojitas, me mimó como si fuera una abuela. Me tocaba el pelo mientras me decía “tranquila mi niña, ya te sentirás mejor”, mientras yo, blanca como una papa (más de lo usual), toda temblorosa y un poco asustada la verdad, la miraba con cara de “llévame a mi casa ya”. 

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Acto seguido subí al bus, y la cabeza me estallaba. Lloré como una nena de 4 años, me sentía de verdad muy mal. Nunca me había sentido tan mal fuera de casa, y menos, estando sola. Pero conociéndome, lejos de apachurrarme, cuando llegamos a Urubamba lógicamente, me sequé los ojos con todo el delineador negro corrido y mi cara blanca, me soné los mocos, y bajé del bus. Tomáaaa altura, no te tengo miedo!! (¿o si?  jaja) Ahí habíamos vuelto a bajar unos metros, entonces decidí caminar despacio y a mi ritmo, sin exigirme más. Y de ultima me sentaba a mirar el paisaje y listo. 

Me compré un gorro (porque encima ni eso había llevado), agua, y empecé, lento pero seguro. Un éxito. Después de eso hicimos una parada, donde tomé un té de coca, que la verdad me cayó muy bien. Por la tarde, y conforme íbamos bajando rumbo a Ollantaytambo, automáticamente me fui sintiendo mejor. Tomé el tren rumbo a Aguas calientes, más té de coca, y por la noche, era otra persona. ¡Estaba como nueva!

Confieso que mi mayor temor era estar en ese estado al momento de llegar a Machu Picchu. O directamente, estar ahí y no poder conocerlo. Nunca sentí así como que me iba a morir o que me iba a pasar algo muy grave, pero realmente en un momento si que llegué a asustarme cuando me sentí tan débil y temblorosa, sobre todo cuando me dolía tanto la cabeza y me faltaba el aire.

Ya una vez en aguas calientes, todo fue cuesta arriba…. Jajja bueno, ¡en sentido figurado al menos! Por suerte ahí la altura es prácticamente de 1000 metros menos, y la diferencia para bien la noté enseguida. Así que si, eso de que al bajar nuevamente los síntomas disminuyen, es completamente cierto. Certificado por Viajeros360 😉

Esa noche tuve un descanso óptimo, y el día en Machu Picchu quedó en mi recuerdo como uno de los más increíbles días viajeros que he vivido. Llegué para ver el amanecer, y me fui prácticamente cuando me echaron por la tarde. ¡Un lujo! Además de haber conocido este mágico lugar, fue mi séptima maravilla del mundo, así que tenía la emoción por las nubes. 

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Conclusión y consejos.

Dicho tooodo esto, verán que, por experiencia propia, se confirma eso de que depende enteramente de cada organismo. Dos personas casi de la misma edad (y digo casi porque Gastón viajó unos años antes que yo y era un poquito más joven jaja), y acostumbradas a vivir de la misma forma, con los mismos hábitos, tuvimos reacciones completamente distintas a la altura. 

¿Podés saber antes como te vas a sentir? No. Solamente exponiéndote a la altura sabrás como reacciona tu cuerpo. Pero sin dudas, confío en que de haber seguido estos consejos referentes a alimentación, descanso, hidratación, evitar la fatiga y demás, hubiese sufrido mucho menos los síntomas del mal de altura. 

Como consejos finales:

  • El día previo: buen descanso, buena alimentación e hidratación. 
  • Tomate con calma el primer día en la altura. No te fatigues, no te exijas, evita agotarte. Dormí bien y presta atención a cómo te vas sintiendo. 
  • Hacé aclimatación lenta, tomando como punto de referencia inicial los 2000 mts. Si no es posible porque por ej, como en mi caso, llegas en avión directamente desde el nivel del mar a 3400 mts de golpe (muy común al viajar a Cusco), aplica todos los demás consejos a rajatabla, y tomate mínimo día entero para estar tranqui. 
  • El té de coca ayuda y es efectivo, aprovéchalo. 
  • No te persigas, pero prestá atención a tus síntomas. Si ves que no mejoran dejá de ascender, si ves que empeoran descendé lo antes posible y consultá a un médico, sobre todo si estas por ejemplo haciendo un trekking con esfuerzo físico que implique un ascenso. Tené en cuenta que siempre, la salud es lo más importante, todo lo demás tiene arreglo.
  • Las pastillas para el mal de altura existen, pero antes de tomarlas te recomendamos consultarlo con tu médico. 
  • No te olvides de la frase de los que saben: “Beber antes de tener sed, comer antes de tener hambre, abrigarse antes de tener frío y descansar antes del agotamiento”.
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Esperamos te sirvan las recomendaciones y nuestra experiencia para evitarte momentos no de lo más felices. 

Como siempre, dejanos tus dudas y comentarios debajo, y si te gustó te invitamos a compartirlo en tus redes sociales para que esta info llegue a más viajeros ☺

Contanos, ¿experimentaste algún viaje en altura? ¿Qué otros consejos nos darías para evitar el mal de altura?

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