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Equipaje: ¿Cómo elegir qué llevar?

Capadocia, Turquía.
Karina
Escrito por Karina

¡Que difícil es elegir que llevar! Más aún cuando estamos frente a un viaje largo, o que mezcla diferentes climas. El primer impulso es querer llevarse todo, y pensar que no será suficiente con el espacio que tenemos disponible en nuestra mochila o maleta (¿No sabés si elegir mochila o maleta? ¡En este post te pasamos todos los tips!).

Estos son para nosotros los tips o “mandamientos de Viajeros 360” a la hora de elegir qué llevar ☺

1- Si no lo usas nunca, se queda. 

Es algo que no es fácil de aplicar, pero créanme que tiene una razón de ser. Mil veces no lo he aplicado y luego me arrepiento en viaje. Llevar ese short que no usas hace dos años, o ese abrigo que pensás se va a ver genial en las fotos en NY pero que de abrigo no tiene nada, el calzado más incómodo del mundo pero que queda tan top, o esa remera con la que no podés ni moverte, no vale la pena. Como regla, si esa prenda no la usas nunca estando en tu casa, ¡seguramente no la uses tampoco en viaje!

2- Ante dos prendas con funciones similares viaja la más adecuada, y ante iguales condiciones, la más liviana y/o combinable. 

Esto es básico. Si vas a llevar campera de abrigo, y vas a la nieve, entre dos camperas elegí la más abrigada. Pero si son iguales en función, elegí esa que combine con todo, o la que sea más liviana de las dos. 

En mi caso, me encantan los tapados de invierno entallados, con cuellos, de diferentes colores, con cinturón… pero para los viajes nunca llevo porque no pegan con nada, y además son menos cómodos y menos abrigados que mi camperón de invierno con capucha peluda. Además, ¡tampoco son impermeables!

Si estás entre dos saquitos de abrigo, llévate de nuevo el más combinable, uno que puedas usar con todo y que variando la camiseta debajo ya logres cambiar de atuendo si se quiere. 

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Si estás entre zapatos de taco y unas sandalias o zapatos chatos que ocupan nada y van bien con todo, yo iría por los segundos. 

En caso de la bendita bufanda, yo siempre llevo una chalina o pañuelo que me sirve para múltiples funciones: taparme hombros en los templos, taparme ojos para dormir en el avión, usarlo de bufanda, de pañuelo para la cabeza en la playa, mini almohadita, entre otros tantos. Si viajamos a un lugar muy frío, me gusta llevar mi bufanda abrigada, pero siempre depende mucho del espacio que tenga en la mochila, a veces no la llevo (cuando la llevo suelo enrollarla chiquita y ponerla en un bolsillo exterior de la mochila grande).

3- Comodidad ante todo. 

Si estás entre un calzado muy lindo y unos championes/zapatillas o botas bien cómodas, ni lo dudes. Durante los viajes solemos caminar, recorrer, y sufrir por el calzado inadecuado no vale la pena. Vas a terminar cargando zapatos que no vas a usar nunca.

¡Ni que hablar de estrenar calzado durante el viaje! El “ablande” siempre te conviene hacerlo antes, sobre todo con las botas de trekking que pueden ser medias duras al principio. 

4- Ropa que no se arrugue ni se estropee.

Llevar una chaqueta preciosa pero que cuando la vas a usar sea un acordeón, no tiene sentido. Mejor llevar algo que no tenga problemas al ser estrujado o doblado, que no sea una tela demasiado delicada, que puedas lavar sin problemas en tu lugar de destino. 

Y si no te queda más remedio o igual elegís llevarlo, tratá de separarlo de las demás prendas, ponerlo en una bolsa plástica o de tela para que no se ensucie o manche con nada, y tratá de que vaya lo más “chatito” posible o en todo caso enrollado. También podés darlo vuelta para que no se impercuda con otras prendas o incluso con el hecho de ponerlo y sacarlo del equipaje. 

5- Todo combinable, aflojale al estampado. 

Cada uno se puede poner lo que se le cante, pero si te gusta combinar la ropa que usas, no abuses con las cosas estampadas que llevas. 

Tratá de que las prendas más grandes o de uso diario sean neutras (ej jeans, pantalones, calzados, abrigos), y permitite variar más con las prendas pequeñas, de las cuales podés llevar más cantidad (camisetas, bikinis o shorts, accesorios como gorros o guantes, etc). 

6- No exageres. ¡En todos lados se consigue (casi) todo!

Hay cosas que tal vez te conviene llevarlas de casa, pero si vas a viajar medio año, no vas a llevar shampoo para medio año. Lleva un tarro chico y en todo caso irás renovando a medida que avanza el viaje. Lo mismo aplica para otros productos como factor solar, repelente, desodorante, etc. 

7- La ropa de baño viene siempre. 

Así estés por viajar a Budapest en invierno, llévate la ropa de baño. Que haya nieve y menos muchos grados, ¡no quiere decir que no puedas disfrutar de un relajante baño en aguas termales! Siempre puede aparecer una piscina maravillosa donde remojarse y volver a sentir las extremidades después de un día de paseo gélido. O donde refrescarse después de una jornada en el desierto. 

No ocupa nada de espacio, y van a estar preparados para cualquier oportunidad. Además, seamos sinceros, sobre todo en el caso de las mujeres, es muy difícil encontrar un bikini o maya que nos guste en diversas partes del mundo.

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8- Pensá en el día a día que vas a tener en el viaje. 

Ahí te vas a dar cuenta si hay algo que no puede faltar. Hablo de un sobre de dormir si pensás acampar, o la toalla si vas a ir a un hostel, remeras con mangas o polleras largas si vas a visitar templos o recintos religiosos, entre otros. 

Si vas a un lugar donde es fabuloso el snorkel y tenés un equipo pro, tal vez te sirva llevarlo, sobre todo si son muchos días. Ahora, si vas a usarlo dos días de 30, tal vez no te sea tan rentable cargarlo.

Si pensás ir a restaurantes, o a una ópera en Europa, o a algún tipo de fiesta en especial, pensá específicamente que necesitas para esa ocasión.

Hay gente sumamente organizada que hasta planifica atuendos, es decir, cómo iría combinado todo entre sí y cuantos “atuendos” estaría llevando. No llegamos a ese extremo ni por asomo, pero si sos alguien a quien le gusta vestirse bien y presta mucha atención a este tipo de cosas, seguramente te sirva aplicar esta técnica.  

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9- Ante la duda, se queda en casa. 

Cuando estamos dando mil vueltas y no nos decidimos si llevar o no llevar algo… conviene dejarlo en casa (salvo que sea el pasaporte, obvio). Te encanta ese buzo de lana, pero ocupa media mochila y no podés permitirte eso. Amás tus botas de caña alta, o tus plataformas, pero pesan una tonelada. Te encanta ese buzo deportivo blanco enorme y bien abrigadito, pero estás viajando a Africa y sabés que va a durar limpio un día. Salvo que seas una fashionista extrema, déjalo en casa. 

No soy fashionista ni extrema ni no extrema, aunque me gusta tener opciones de ropa porque nunca se que me voy a querer poner, así que he cargado con algunas cosas de este tipo y les aseguro que fue totalmente innecesario. Terminé usando las prendas tal vez una o dos veces, ¡pero sufrí cargándolas todos los días!

10- Llevate solo lo que te gusta cómo te queda. 

Si hay algo que no te encanta, no lo cargues. No tiene sentido llevar ropa que luego no nos gustará como saldrá en las fotos, o con la cual no nos sentiremos cómodos. Pensá en todo eso que usas siempre, y llévate eso. 

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11- ¡Dejá la Lonely Planet!

A ver, acá vamos a ser prácticos. A mi me encanta marcar la guía de viaje y tenerla a mano, de hecho nos llevamos el libraco de SA para mochileros durante nuestro primer viaje a Asia… pero la realidad es que es un poco prehistórico, y en esto, le doy la derecha a Gastón. 

Hoy por hoy se puede llevar todo digitalizado, y tal vez algún pequeño apunte o cuadernillo por si nos quedáramos sin batería. Pero no es lo usual. Las guías de papel que ocupan media mochila y pesan un montón, no valen la pena ser cargadas durante el viaje, menos aún si es un viaje largo.

Además, podés armarte tu propia guía de viaje, que es lo que solemos hacer nosotros, y llevarla en formato digital. Esto es, tomar datos de guías como la Lonely, pero también mucha info (y últimamente en su gran mayoría) de blogs, videos de YouTube, RRSS y foros de internet. Con todo esto nos armamos nuestra propia guía bien completa, adaptada a nuestros gustos, actualizada, y sobre todo: ¡liviana!

Obviamente esto mismo aplica para los libros, hoy día podes llevar todo en formato digital sin tener que cargar mil kilos en tu equipaje.

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12- Para el frío, cebolla. 

No, no hablamos de comer cebolla jaja Sino de vestirte como una cebolla: en capas. Nada de mil abrigos de lana, bufandas gordas, ropa peluda. Lleva en su lugar ropa que te permita vestirte en capas: camisetas (si es necesario tal vez una térmica debajo), un saco más abrigado encima, campera de abrigo impermeable y con capucha. Pañuelo en el cuello, gorro y guantes. Botas. Listo. 

Llévate medias extras, porque pueden mojarse con la nieve y vas a usar más cantidad, pero la realidad es que si bien afuera va a hacer frío, una vez dentro de cada lugar, todo está calefaccionado. Debajo podés tranquilamente usar ropa que luego usarás para otro tipo de climas más templados o moderados. 

Lógicamente esto pensando en ciudades, si lo tuyo es hacer trekking por lugares gélidos, ¡asesoráte y buscá la ropa apropiada! Hoy por hoy hay muchas marcas que ofrecen el confort necesario y suman mucho en ser prendas compactas.

13- Priorizá las prendas y artículos convertibles o que tienen más de un uso. 

Por ejemplo, la mochila que se hace chiquita, esa campera deportiva reversible que en realidad son dos, esa campera que se le saca la capucha, o se le saca la parte impermeable, o se le sacan los pelos de la capucha. Ese pañuelo que sirve para todo como hablamos hoy. 

Lo mismo aplica para los accesorios: la toalla que es mini y además de rápido secado, la almohadita inflable que no pesa ni ocupa espacio, el impermeable que sustituye el paraguas y pesa muchísimo menos. 

¿Quién no vio el anuncio de esas sandalias de mujer con los tacos intercambiables? ¡Ideales! Un pareo de playa puede servirte para taparte al entrar a los templos en algunos países, para sentarte en la playa, o incluso para taparte si te dormís una siesta… ¡y también como cortinas si dormís en el auto! Jaja Incluso por qué no, hasta de toalla.

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Dicho todo esto, ya podés empezar a separar lo que vas a llevar. 

Tratá de equilibrar en cantidad de prendas, por ejemplo, seguro usas más camisetas o medias que jeans o abrigos. Pensá como podés combinarlos y armar distintos atuendos que sirvan para más de una ocasión. 

¿Cuánto llevo de cada cosa?

Esto va un poco en relación a todo lo anterior, pero hay algo fundamental: muchas cosas las vas a llevar vayas 10 días o vayas 150. Es decir, no necesariamente va a ser proporcional la cantidad de ropa que lleves a la cantidad de días de viaje. Lo que sí lógicamente varía es que tendremos tal vez que elegir mejor, pero no más que eso. 

¿Con esto que quiero decir? Que la excusa: “llevo todo porque me voy varios meses”, no aplica. La campera de abrigo es la misma, el calzado será el mismo, y lógicamente tendrás que lavar ropa ya que sería imposible llevar ropa para meses sin lavar, como tampoco lo hacés seguramente en tu casa. 

Usa el sentido común y pensá como te vestís vos habitualmente cuando estás paseando, qué ropa te gusta, y todo lo que vimos anteriormente, más que la cantidad de días que vayas.

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Listo, ya elegiste todo, usaste todos los criterios, combinaste, y dejaste todo encima de la cama o de la mesa. ¿Y ahora qué hago? ¿Meto todo en la mochila? Acá viene algo que a mi sobre todo me ha funcionado muy bien, y que lo he bautizado “el triple descarte”.

El triple descarte. 

Es muy simple: una vez tenés todo a la vista, hay que empezar a descartar. Que tu maleta sea grande no quiere decir que tengas que llenarla, y lo mismo pasa con las mochilas. ¡Pensá que luego vas a tener que cargar todo ese peso contigo a todos lados!

Después de que separaste todo y lo pusiste a la vista, fuera del ropero (primer descarte), míralo otra vez. Seguro ese pantalón babucha a rayas no lo usas nunca, o te das cuenta de que no te queda de lo más cómodo. Seguro no, no salgas a correr durante tu viaje a Tailandia, ¡dejá por favor todos esos atuendos fitness que te llevassss! Jaja Salvo que seas deportista enserio, lógicamente (que no estaría siendo mi caso). Este, es el segundo descarte.

Luego de haberlo hecho, prepará todo en la mochila o maleta, y probalo. Tomale el peso, calzate la mochila al hombro. Te tiene que sobrar algo de espacio, porque uno siempre trae alguna chuchería del viaje, y además porque siempre estando en viaje uno empaca peor y parece que entran menos cosas. 

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Por otro lado, pensá que lo que llevas puesto en algún momento tiene que entrar también en la mochila, ya que tal vez te vas de championes pero volvés de chinelas, y ahí vas a tener que guardar ese primer calzado en la mochila. 

Hecho esto, toca el tercer descarte. Pensalo en frío, pensá si realmente vas a usar toda esa tonelada de maquillaje en un destino de playa, o si vas a ponerte zapatos de taco, o un jean si viajas al caribe y hay 30 grados a la sombra. Sacá lo que veas que no va o lo que te sigue generando dudas.

Dicen que por lo general de lo que separaste en primera instancia, tenés que terminar descartando uno o incluso dos tercios. Obviamente esto es muy personal, ¡pero tu espalda lo va a agradecer!

Lógicamente esto de llevar pocas cosas es más complicado cuando uno mezcla climas en un viaje largo, ¡algo que solemos hacer bastante más de lo recomendado! El caso más claro fue el de Vuelta al Mundo, donde al ser un viaje de varios meses visitamos todos los climas posibles… el frío de la Siberia en pleno invierno, y destinos tropicales como Bahamas, Filipinas, Indonesia o la Polinesia Francesavisitamos varios países de África, hicimos trekkings, acampamos, hicimos safaris. 

Es decir, hubo que empacar un poquito de todo. En los destinos de calor la mochila iba más cargada (porque llevábamos dentro todo el abrigo), pero que se puede, ¡se puede!

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También nos pasó cuando viajamos por primera vez a Asia, ya que aprovechamos para visitar Moscú (era diciembre), Tokio y hacer un recorrido por varios lugares de China antes de pisar el Sudeste Asiático, por lo que también hubo que empacar un poco de todo. 

Lo mismo repetimos cuando mezclamos en el mismo viaje Toronto y la costa oeste de EEUU, donde era invierno y había nieve, con un lugar tan tropical como lo es Hawaii… o cuando visitamos Turquía y las Seychelles. Que se puede, ¡se puede! Jeje Por eso tal vez muchas veces nos vean más cargados de lo usual, porque toca llevar el abrigo para este tipo de climas extremos en la misma mochila. 

En cuanto al peso, esto es muy personal, pero les recomendamos una mochila de aprox. 7/8 kg en caso de viajar solo por lugares de verano (más la mochila de mano), y de 10 kg en caso de visitar ambos climas. Este tema es muy subjetivo, y también pasa que a veces la mochila se ve enorme pero no pesa tanto como parece… ¡o viceversa! 

Llegué a viajar con una maleta pesando 24kg, y créanme, no hay ser humano que pueda andar de gira y ser feliz con una maleta de ese peso, más la de mano, obvio. Ir lo más livianos posibles siempre suma. 

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Tengan en cuenta también que nosotros viajamos con una de las mochilas de mano íntegramente destinada a cámaras, trípodes, enchufes, accesorios y demás, así que, si no son tan fan como nosotros de este tipo de elementos, ahí seguro ganan en espacio y peso para poder llevar otro tipo de cosas.

Esperamos les sirvan estos tips, ¡y nos dejen debajo los suyos! ¿Cómo elegís lo que llevarás? ¿Sos de cargar muchas cosas o de viajar liviano?

Y como siempre, ¡nos ayudas compartiendo este artículo con tus amigos viajeros!

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