Pamukkale, ¿Vale la pena? - Viajeros 360 | Blog de viajes
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Pamukkale, ¿Vale la pena?

Karina
Escrito por Karina

Hoy día, leer este título como pregunta me suena muy raro, y por supuesto, la respuesta me parece muy obvia. Pero hace unos meses atrás, cuando estábamos planificando este viaje, la respuesta no parecía tan obvia y teníamos muchas dudas sobre este lugar. 

Finalmente luego de leer todo tipo de opiniones, decidimos ir y comprobarlo por nosotros mismos. Hoy aportamos nuestro granito de arena para que si vos también estás dudando sobre si ir o no, puedas tener toda la info!

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¿Por qué las opiniones encontradas? 

Habíamos leído algunos comentarios y artículos que decián que no valía la pena ya que era un lugar que se encontraba demasiado masificado, que había tanta gente que era imposible disfrutar del lugar. 

Por otro lado, muchos destacaban que lo que se veía en las fotos no era lo que veías una vez ahí. Que los travertinos estaban sin agua, y el lugar muy descuidado, venido abajo. 

La realidad es que al ser un lugar que no está cerca del resto de los lugares más visitados, el decidir visitarlo implica tener que ir hasta allí específicamente para conocer este lugar, lo cual te toma como mínimo 2 días, por lo cual es una decisión importante, sobre todo cuando contás con poco tiempo o querés optimizarlo al máximo. 

Mapa Pamukkale 2

Nuestra experiencia. 

Después de leer un sinfín de opiniones y comentarios, decidimos ir y verlo por nosotros mismos. Hacía mucho que teníamos ganas de conocer este increíble lugar, y si bien leíamos todo lo anterior, sumado a que el clima en la época en la que fuimos tal vez no fuese el mejor, nos animamos. 

Después de analizar cómo nos convenía hacer el circuito, decidimos que nos quedaba mejor empezar nuestro viaje en Turquía en Pamukkale, ya que nos permitía aprovechar mejor los tiempos (por un tema de horarios de vuelos).

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Volamos por Turkish Airlines directo desde Estambul a Denzli, el vuelo es de una hora y todo fue muy puntual. En un abrir y cerrar de ojos estábamos en Denizli. No teníamos mucha idea sobre como ir hasta Pamukkale, pero apenas al llegar estaban los buses ahí en la puerta del aeropuerto con los conductores gritando “Pamukkale”, así que fue muy simple.

Hacés el primer trayecto en un bus, y luego te pasas a un mini bus que va hasta Pamukkale. 

Una vez bajamos del mini bus, caminamos unas cuadras y llegamos sin problemas hasta nuestro hotel, Alida Hotel, perfectamente ubicado frente a Pamukkale y la Hierápolis. Si bien todo estaba un poco oscuro y había algunos locales cerrados por la temporada, la realidad es que todo fue muy seguro y no tuvimos problemas en llegar caminando. 

En el hotel nos recibió su dueño, super bien, quien nos dio mucha info y nos mostró nuestra habitación.

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Después de descansar un ratito, decidimos salir a cenar algo. Paramos en uno de los tantos restaurantes chiquitos que hay por la calle principal, y comimos Pide. En este post podés leer los 20 platos de la gastronomía turca que no te podés perder. 

El lugar era muy familiar, tanto así que parecía que estábamos en la casa de alguien y no en un restaurante jaja

Luego de cenar caminamos un poco por la calle principal, que estaba muy tranquila. ¡Beneficios de temporada media! Compramos algunos víveres como agua, y algunas cositas para llevar al día siguiente durante nuestra jornada a Pamukkale, y nos volvimos al hotel. 

Al día siguiente madrugamos bastante. Con la primer luz del día ya estabamos en pie. Desayunamos delicioso en el hotel, y como el dueño nos dejó hacer un late Check out y dejar ocupada la habitación hasta la noche, no tuvimos que hacer Check out ni nada extra antes de irnos. 

Después de un suculento y rico desayuno, nos fuimos rumbo a Pamukkale. 

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Visita a Pamukkale. 

Antes de entrar pasamos por un lago que estaba lleno de patos y gansos, y de fondo se podía ver ya las formacoines de fondo. Estabamos un poco perdidos la verdad y llegamos ahí por error, pero las vistas son realmente muy lindas asi que aprovechamos para sacar unas fotos con la primera emoción de ver esa montaña blanca de fondo. 

Luego si, nos dirijimos luego de preguntar, rumbo a la entrada. Ahí pagamos el ticket, que costó 50 liras turcas. Pasas por un scanner de seguridad, te revisan las mochilas, y entras. Te indican que tenés que quitarte el calzado para pisar esa parte del recinto, y por supuesto, así lo hicimos. 

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Era bien temprano, fines de noviembre, y la verdad a esa hora todavía estaba fresquito. Eso cambiaría por suerte, rápidamente conforme el sol fuese subiendo. 

El primer contacto con esa superficie, a pies descalzos, fue cuando menos extraño. Lejos de ser una textura resbalosa o algo que se deshiciera al pisarlo al estilo cal, es como pisar un lugar de piedra. la textura es porosa, por lo cual al menos en ese tramo inicial no resbalaba en absoluto. Si bien corre agua termal, caliente, en el primer tramo casi no hay agua, y el piso estaba realmente helado. 

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Entre que pinchaba, y lo frío que estaba, fue un poco sufrido jaja Pero bueno, ¡era el precio de ser los primerísimos en llegar! 

Conforme vas subiendo, cada vez hay mas agua calentita donde poner los piecitos a remojo, y ahí la experiencia ya se torna más agradable.

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El paisaje es un espectáculo. Una superficie blanca blanca como si fuera nieve, con aguas termales, y unas vistas de postal. El lugar no parece real, parece un decorado. 

Despues de mitad de camino comenzas a toparte con las primeras piscinas. Estas son las únicas en las que podés bañarte, así que te recomendamos que si esta es tu intención ya vayas con la ropa de baño puesta, porque sino vas a tener que subir hasta la parte de arriba, ir a un vestidor, y volver a bajar. Si ya vas pronto ahorras tiempo. 

Estas son las piscinas que se hicieron para reconstruir la zona, y son una belleza. El agua es turquesa, y el color blanco de las formaciones realmente parecen algodón. Hicimos una sesión de fotos eterna, nos cambiamos de piscina y seguimos con las fotos. Hasta me copé e hice cambios de ropa y todo! 

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Después, ya siendo mediodía, tocó el momento del remojo. El agua estaba bien calentita, y el mundo exterior si bien estaba cálido y había sol, al salir del agua se sentía fresquito. Lleven toalla y una mochila que no se moje o bien algo de nylon para apoyarla, ya que hay agua por todos lados. 

Las mejores horas para sacar fotos son después de mediodía y principalmente al atardecer, ya que es cuando se ve la pared de las piscinas sin sombra, con el sol a pleno, y el agua bien turquesa destaca entre lo blanco del lugar. Realmente nos pareció un espectáculo total.

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Cuando nos cansamos de pasear entre las piscinas e hicimos tres millones de fotos, subimos hasta el parador que está al final del camino blanco. Ahí nos vestimos, calzamos, y compramos unos choclos para hacer un picnic con vistas. 

Nos sentamos en un banquito justo frente a los travertinos, y disfrutamos de un rico almuerzo. A esa hora ya estaba mucho más lleno, ya que era pleno horario de tours, así que nos divertíamos viendo a la gente sacarse fotos, jugar y darse algún que otro resbalón en la parte superior, donde las formaciones están mas lisas y al haber más agua, si que resbala un poco. Algunos también se ponían la cal a modo de tratamiento para la piel, no se que tan bueno sea pero por las dudas lo dejamos para la próxima… no parecía tentador jaja. 

Con la panza llena, el corazón más que contento y el sol a pleno, recorrimos toda la zona superior de los travertinos, que tiene pasarelas desde donde disfrutar de unas vistas espectaculares. Algunos de ellos están sin agua, ya que esto al parecer ayuda en el trabajo de regeneración y blanqueamiento natural del lugar, pero muchas otras si estaban con agua. Nos pareció una belleza total. 

Después de una caminata y otras tantas fotos, llegó la hora de recorrer la Hierápolis. 

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La Hierápolis. 

Reservense un par de horas por la tarde, porque la Hierápolis vale la pena. Los restos de esta antigua ciudad balneario romana, son imponentes y te remontan a otra época. 

Les recomendamos subir sin duda al teatro como primera actividad. Las vistas son una belleza, el teatro es realmente inmenso y está muy bien conservado. Se dice que en su época llegó a tener una capacidad para más de 10 mil personas. 

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La visita a la Hierápolis está incluida en la misma entrada que Pamukkale, así que no se lo pierdan. 

Dentro de este recinto hay varios lugares de interés, y durante un buen rato nos dedicamos a caminar entre las ruinas, columnas y antiguas construcciones. 

Pasamos por la piscina de cleopatra, que habíamos leído estaba masificada y no valía la pena, pero una vez ahí nos pareció una belleza y yo al menos no pude resistirme… si, allá donde hay un pozo con agua voy yo a meterme jaja ¡Es que me encanta estar a remojo!

Así que allá fui, a sentirme como Cleopatra en esta piscina llena de ruinas romanas en su fondo. Para entrar a la piscina hay que pagar un costo aparte, de 50 liras. Hay cambiadores, y lugar donde dejar tus cosas. Gastón se quedó en la plaza de comidas que hay justo ahí al lado, mientras yo disfruté de un rato de relax en el agua termal que estaba increíble.

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Tal vez en verano esté lleno y masificado como leímos, pero cuando fuimos nosotros era un lujo total. 

Después de un rato de relax y descanso, nos pusimos en marcha de nuevo. Todavía quedaba día y lugares por recorrer. Seguimos camino hasta final del recinto, viendo las construcciones y ruinas. El templo de apolo, las columnas, y como todo se empezó a iluminar naranja a medida que el sol iba bajando, realmente fue precioso el recorrido, y super tranquilo.

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La mayor parte de las personas se concentran en la zona de las piscinas, y tanto a primera hora como a última conforme se acerca el atardecer, la gente que fue con tour empieza a irse. Por eso es que sin duda les recomendamos disponer de un día completo para recorrer el lugar como merece. 

Ya cuando se acercaba la hora del atardecer, nos fuimos arrimando de nuevo a la zona de Pamukkale, para ver el atardecer desde los travertinos. Buscamos un lugarcito donde sentarnos en las pasarelas, y ahí nos instalamos, en primera fila, a presenciar esa maravilla. 

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No podíamos creer que en algún momento dudamos si ir o no, el lugar es increíble, y tiene mucho por conocer. Las formaciones blancas como la nieve, las piscinas, el agua termal, la hierápolis y encima ese atardecer, coronaron un día viajero de esos que no se olvidan. 

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Sabemos que ligamos tremendamente con el día y con el clima que tuvimos ese día, y también agradecimos por eso, porque lo hizo aún mucho más disfrutable. 

Después de ver el atardecer empezamos a bajar rumbo a la puerta, otra vez descalzos. Esta vez todo se veía en tonos pasteles, parecía una pintura. Eso si, los piecitos otra vez iban sufriendo, ¡pero ya nada importaba! Estabamos tan felices que lo tomamos todo para chiste. 

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Creo que no hace falta decirlo después de todo el relato, pero vale la pena Pamukkale? Mil veces siiii!! Es una maravilla de la naturaleza, y no hemos visto un lugar así hasta ahora en ningún otro lugar del mundo. Realmente lo disfrutamos un montón y lo recomendamos como imperdible en un viaje a Turquía. 

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Esperamos les haya sido de ayuda este post en su decisión, pueden leer todo lo que hemos escrito sobre Turquía, incluyendo más info sobre Pamukkale, en este link. 

Como siempre pueden dejarnos sus dudas y comentarios debajo, y nos ayudan compartiendo este artículo en sus redes sociales para que llegue a más viajeros. 

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Karina

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